Práctica Diaria ·
La práctica de nombrar en positivo: habla hoy de lo que sí quieres
Una práctica breve para detectar las frases que describen lo que quieres evitar y reescribirlas en presente, en positivo y en primera persona.
Por Pedro J. Pérez
Hay una costumbre silenciosa que casi todos tenemos: pasar el día nombrando lo que no queremos. «Que no me falle», «no quiero más líos», «ojalá no me equivoque». Lo decimos sin darle importancia, pero cada vez que lo hacemos nuestra atención se queda mirando justo aquello que deseamos esquivar, y la imaginación lo dibuja una y otra vez.
Hoy vas a hacer algo sencillo y concreto con ese hábito. No se trata de fingir que nada duele ni de tapar lo que va mal, sino de aprender a formular lo que sí quieres con la misma naturalidad con la que hoy formulas lo que temes. Es una disciplina pequeña, casi artesanal, que con los meses reordena la manera en que te hablas y, con ella, la manera en que vives.
La práctica Duración: 15 minutos
Recoge tus frases de hoy
Siéntate con un papel o abre una nota en el móvil. Durante cinco minutos, escribe tal cual las frases que has dicho o pensado hoy sobre lo que no quieres que ocurra: sobre el trabajo, la casa, el dinero, tus relaciones o tu salud. No las corrijas todavía, solo recógelas. Intenta anotar al menos cinco.
Señala el «no» escondido
Lee lo que has escrito y subraya las palabras que niegan o que nombran el problema: «no», «nunca», «que no pase», «evitar», «miedo a». Tómate tres minutos. No estás juzgándote; estás viendo con claridad qué ocupa tu imaginación cuando no te das cuenta.
Reescribe en presente y en positivo
Toma cada frase y conviértela en una declaración de lo que sí quieres, dicha en presente y en primera persona. Si escribiste «no quiero llegar agotado al viernes», prueba con «llego al viernes con energía para lo que me importa». Dedica unos siete minutos a reescribir todas las frases, buscando palabras que describan lo que amas, no lo que temes.
Dilo en voz alta una vez
Elige dos o tres de las frases nuevas, las que más te resuenen, y léelas en voz alta, despacio, dos veces cada una. Escucha cómo suenan en tu propia voz. Un minuto o dos bastan. No hace falta creerlas del todo: basta con que tu atención se acostumbre a habitar lo que sí quieres.
Deja la lista a la vista
Guarda las frases reescritas donde las veas hoy o mañana: en la nevera, en el fondo del móvil, junto al escritorio. La idea es que, cuando vuelva la frase antigua, tengas a mano la versión que elegiste. Con los días, esa versión irá sonando más natural que la otra.
Para reflexionar hoy
¿Qué frase has repetido hoy que describía justo lo que no quieres, y cómo la dirías si hablaras de lo que amas?
Para terminar
Lo que nombras con tu atención crece, aunque no lo pretendas. Por eso esta práctica no es un truco de optimismo, sino un modo de cuidar lo que sostienes en la imaginación. Hazlo hoy con calma y verás que, a fuerza de decirte las cosas de otra manera, tu vida empieza a parecerse a lo que de verdad quieres.