Fantasía
El romantasy y la fiesta de leer: cuando la fantasía convoca multitudes
La publicación de A Court of Splintered Harmony, de Sarah J. Maas, ha desbordado librerías y convocado a miles de lectores. Una mirada al romantasy como forma viva de la fantasía: qué ofrece, qué exige y por qué importa.
Por Pedro J. Pérez ·
Una cola que no cabe en la librería
Hay escenas que resumen una época lectora mejor que cualquier estadística. En Leamington Spa, una librería especializada en romance anunció un baile de máscaras para celebrar la salida de la nueva novela de Sarah J. Maas. Seis mil personas intentaron comprar doscientas veinte entradas. La web se cayó y las localidades se agotaron en trece minutos, según relató una de las fundadoras del establecimiento. No es una anécdota menor: es la fotografía de un público que no espera pasivamente un libro, sino que lo celebra en comunidad.
La noticia, publicada por The Guardian Books, describe además un movimiento más amplio en el Reino Unido: librerías especializadas en el género reportan ventas enormes coincidiendo con el lanzamiento de A Court of Splintered Harmony. Conviene detenerse en lo que esto significa para la fantasía. Durante décadas se la imaginó como un territorio de nicho, refugio de lectores solitarios. Hoy, sin embargo, demuestra una capacidad de convocatoria que muchas formas culturales envidian. El fenómeno no sustituye a la obra: la pone a prueba.
Qué nombra exactamente el romantasy
La etiqueta romantasy designa una fusión: mundos fantásticos —cortes, magia, criaturas, reinos en conflicto— atravesados por una historia de amor que ocupa el centro emocional del relato. No es un invento reciente ni una moda caprichosa, sino una manera de leer la fantasía desde el vínculo. El motor doble es claro: el mundo ofrece asombro y peligro; la relación entre personajes ofrece intimidad y tensión. Cuando ambos engranan, el lector no solo contempla un reino imaginario, sino que se siente implicado en él.
Esto explica parte de su potencia. La fantasía clásica construye épica y distancia; el romantasy construye cercanía y deseo. No se trata de oponerlas, sino de reconocer que responden a necesidades distintas. Quien busca mapas, genealogías y batallas encontrará aquí otro acento. Quien busca personajes que se eligen, se hieren y se transforman encontrará un cauce. La etiqueta, como toda etiqueta, simplifica; pero también orienta y permite que un lector encuentre lo que busca sin perderse en estanterías infinitas.
El valor de una obra que se deja querer
Sarah J. Maas no es una autora improvisada: su nombre arrastra una comunidad lectora construida libro a libro. El revuelo por su nueva novela no nace del vacío, sino de una confianza cultivada durante años. Ese capital narrativo es real y merece respeto. La fantasía, como cualquier literatura, se sostiene en la fidelidad de quien vuelve. Y cuando miles de personas hacen cola, aunque sea digital, por un libro, algo está funcionando en la maquinaria de la imaginación.
Ahora bien, la celebración no exime del juicio crítico. Un fenómeno de masas puede ser también una invitación a leer con atención: distinguir lo que una obra da de lo que promete, lo que emociona de lo que solo entretiene. La fantasía ha vivido siempre entre el asombro y el exceso. El romantasy no es una excepción. Su mejor defensa no es el número de entradas vendidas, sino la calidad de las historias que sostienen ese entusiasmo cuando la fiesta termina y queda la página.
Librerías que se convierten en plazas
Uno de los datos más elocuentes de la noticia es el papel de las librerías especializadas. No son grandes cadenas ni plataformas anónimas: son espacios pequeños, con nombre propio, que organizan bailes, noches temáticas y celebraciones. La librería se convierte en plaza pública, en lugar de encuentro. Para la fantasía, esto tiene un valor simbólico enorme: el género recupera su dimensión oral, comunitaria, casi ritual. Leer deja de ser un acto privado para volverse una experiencia compartida.
Esta dimensión social no debería subestimarse. La literatura fantástica siempre ha crecido en torno a comunidades: clubes, fanzines, convenciones. El romantasy actualiza esa tradición con herramientas nuevas y un público joven y diverso. Que una convocatoria se agote en minutos no garantiza obras maestras, pero sí demuestra que la fantasía sigue siendo un lenguaje vivo, capaz de movilizar afectos. Y una literatura que moviliza afectos tiene una oportunidad mayor de perdurar que una que solo se archiva.
Leer con criterio en medio del ruido
El entusiasmo tiene sus riesgos. Cuando un lanzamiento se convierte en acontecimiento mediático, la conversación puede desplazar a la lectura. Se habla del fenómeno, de las cifras, de la fiebre, y a veces se olvida el texto. Para el lector de fantasía conviene recordar que ninguna etiqueta —romantasy, épica, grimdark— sustituye al juicio propio. Abrir el libro, leer las primeras páginas, preguntarse qué mundo se construye y qué se arriesga en él: ese gesto sencillo sigue siendo el más fiable.
También conviene desconfiar de las jerarquías automáticas. Que una obra sea popular no la hace menor; que sea minoritaria no la hace superior. La fantasía ha dado obras inmensas desde ambos extremos del mapa. El romantasy, con su mezcla de magia y deseo, amplía el territorio y obliga a preguntarse qué queremos de la ficción. La respuesta no es única. Pero el hecho de que tantos lectores la busquen con semejante entusiasmo merece algo más que un encogimiento de hombros.
La fantasía como conversación abierta
Lo que muestra el caso de Sarah J. Maas es, en el fondo, una verdad sencilla: la fantasía no es un género agotado ni un refugio nostálgico. Es una conversación que se renueva. Cada generación encuentra sus propios reinos, sus propias heridas, sus propios vínculos. El romantasy es una de las formas que esa conversación adopta hoy. Puede gustar más o menos, pero ignorarlo sería perder de vista una parte significativa de lo que se está escribiendo y leyendo en este momento.
La fiesta de un lanzamiento dura poco; la biblioteca dura más. El reto, para lectores y críticos, es acompañar el entusiasmo con atención, celebrar sin renunciar al discernimiento y dejar que cada obra se gane su lugar página a página. La fantasía ha sobrevivido a modas y desdenes porque siempre ha sabido imaginar lo que aún no existe. Que ahora lo haga con bailes de máscaras y entradas agotadas no la debilita: la confirma.
Fuentes y referencias
- ‘We sold out tickets within 13 minutes’: new novel from romantasy author Sarah J Maas sparks fan mania — The Guardian Books — alternativa literaria