Pedro J. Pérez
ENPT
Buscar en esta sección

Práctica Diaria ·

La práctica del programa reescrito: distingue hoy lo aprendido de lo que eres

Una práctica breve para atrapar esas frases que te frenan, rastrear de dónde vienen y devolverles su verdadero nombre: algo que aprendiste, no algo que eres.

Por Pedro J. Pérez

Hay frases que repetimos sin darnos cuenta y que suenan a verdad absoluta: «yo no sirvo para esto», «no puedo», «esto no es para mí». Aparecen tan rápido y con tanta naturalidad que parece que nacieron contigo. Pero ninguna de ellas estaba ahí el primer día. Todas llegaron después, de una casa, de una escuela, de una mirada ajena que un día se volvió mirada propia.

Hoy vas a hacer algo sencillo y muy concreto: coger una de esas frases, mirarla de frente y separar dos cosas que llevas años confundiendo. Una es el programa que aprendiste. La otra eres tú. En el momento en que las distingues, deja de haber sentencia y vuelve a haber elección.

No hace falta creer nada nuevo todavía. Basta con dejar de creer que lo aprendido es tu identidad. Ese es el trabajo de hoy.

La práctica Duración: 15 minutos

  1. Atrapa la frase exacta

    Busca un lugar tranquilo y ten a mano papel y lápiz, o el móvil si te resulta más fácil. Durante tres minutos, escribe tal cual las frases que más veces te dices a lo largo de un día cuando algo se pone cuesta arriba. No las suavices ni las ordenes: cópialas con las mismas palabras con las que aparecen en tu cabeza. Al terminar, elige una sola. La que más veces hayas escuchado por dentro.

  2. Rastrea de dónde salió

    Dedica cinco minutos a responder por escrito tres preguntas sobre esa frase: ¿a quién se la oíste primero?, ¿en qué lugar o en qué momento de tu vida?, ¿qué ocurrió alrededor para que esa idea tuviera sentido entonces? No busques culpables ni hagas terapia: solo pon fecha y contexto. Lo que estás haciendo es comprobar algo muy concreto: que esa frase tiene un origen, y que el origen no eres tú.

  3. Cámbiale la etiqueta

    Vuelve a escribir la frase, pero empieza con «Aprendí que…» en lugar de «Soy…» o «No puedo…». Por ejemplo, si tu frase era «no sirvo para hablar en público», escríbela como «aprendí que hablar en público era peligroso». Léela en voz alta dos o tres veces. Fíjate en lo que cambia en el cuerpo al pasar de una sentencia sobre ti a un aprendizaje sobre una situación. Dos minutos bastan.

  4. Escribe la versión que elige

    Ahora redacta, en una sola frase, cómo quieres pensarlo a partir de hoy. No hace falta que sea una afirmación grandiosa ni que te la creas del todo: tiene que ser algo que puedas sostener sin sentir que te mientes. Algo del estilo «estoy aprendiendo a…» o «puedo probar…». Escríbela en un sitio que vayas a ver durante el día. Tres minutos.

  5. Pillala en directo

    El resto del día, tu única tarea es detectar cuándo aparece la frase antigua. No luches contra ella ni te regañes: solo nómbrala por dentro con un «esto es lo que aprendí». Cada vez que lo hagas, tienes la opción de responder con la frase nueva. Con una sola vez que lo consigas hoy, la práctica ha cumplido.

Para reflexionar hoy

Esta noche, antes de cerrar el día: ¿en qué momento concreto de hoy notaste la diferencia entre lo que aprendiste y lo que eres, y qué elegiste hacer justo después?

Para terminar

Una creencia que se aprendió no es una condena: es una costumbre de pensamiento, y las costumbres se pueden cambiar con la misma paciencia con la que se formaron. Hoy no tienes que desmontar toda tu historia, solo separar una frase de tu identidad y comprobar que, al hacerlo, respiras un poco más ancho. Mañana podrás hacerlo con la siguiente.

Práctica por correo

Recibe cada mañana la práctica del día

Un solo correo al día, a primera hora, con la práctica completa y un acceso a los libros de Pedro J. Pérez. Sin publicidad. Baja con un clic desde cualquier mensaje.

Recibirás un mensaje para confirmar la suscripción.