Práctica Diaria ·
La práctica del agua que no se rompe: mira hoy lo que en ti no cambia
Un ejercicio breve para mirar de frente el miedo a terminar y descubrir, sin dramatismo, que en ti hay algo que las formas no alcanzan: lo que cambia de forma no deja de ser.
Por Pedro J. Pérez
Hay un pensamiento que casi todos apartamos con disimulo: que esto se acaba. No hace falta que sea un miedo declarado; basta con esa prisa sorda, esa incapacidad de estar quieto, esa sensación de que el día se escapa entre los dedos. Muchas veces lo que llamamos estrés es solo la forma educada de un miedo más hondo.
El texto que inspira esta práctica propone algo sencillo y exigente a la vez: mirar ese miedo sin huir. No para volverse temerario ni indiferente, sino para descubrir que lo esencial de nosotros no empezó ayer ni terminará con la última respiración. Como el agua, que adopta la forma del vaso, del río o de la nube sin dejar de ser agua. Hoy vas a dedicar un cuarto de hora a comprobarlo en tu propia experiencia, sin creer nada que no hayas visto por ti mismo.
La práctica Duración: 15 minutos
Siéntate y nombra lo que hay
Busca un lugar donde nadie te interrumpa durante cinco minutos. Siéntate con la espalda recta y las manos sobre los muslos. No intentes vaciar la cabeza. Simplemente observa qué aparece cuando no hay nada que hacer: inquietud, imágenes, planes, una punzada de angustia. Nómbralo en silencio: «prisa», «miedo», «cansancio». Nombrar no es resolver; es dejar de fingir que no está.
Respira sin contar nada
Durante tres o cuatro minutos, sigue el aire sin controlarlo. Nota cómo entra fresco y sale tibio. No busques calma; solo acompaña. Cuando la mente se vaya a otra parte, vuelve al aire sin regañarte. Este ir y venir es la práctica, no un fallo de la práctica.
Pregunta qué es lo que no cambia
Con los ojos cerrados, repasa lo que has sido: niño, adolescente, alguien con otro trabajo, otras caras, otros miedos. Todo eso cambió. Ahora pregúntate, sin prisa: ¿qué ha estado presente en todas esas versiones? No busques una respuesta filosófica. Quizá notes una atención que mira, una capacidad de querer, algo que reconoce. Quédate ahí un minuto, sin agarrarlo.
Mira una forma que se transforma
Abre los ojos y busca algo cercano que cambie de forma sin dejar de ser: el vapor de una taza, una planta que crece, tu propia respiración. Dedica dos minutos a mirarlo con calma. No se trata de pensar en la muerte, sino de ver, en algo pequeño y cotidiano, que transformarse no es desaparecer. Deja que esa evidencia te acompañe el resto del día.
Para reflexionar hoy
¿Qué parte de tu jornada de hoy estuvo movida por la urgencia de que algo no se acabe, y qué habría cambiado si la hubieras vivido desde lo que en ti permanece?
Para terminar
No hace falta tener resuelto el misterio para vivir con menos miedo. Basta con haber mirado hoy, aunque sea un instante, eso que en ti no nació ni se rompe. Cuando esa mirada se repite, el día gana presencia y pierde prisa; y lo que antes parecía un muro empieza a mostrarse como lo que es: una puerta que se abre hacia otra forma. Advertencia de salud: este contenido es informativo y no sustituye la atención médica. Acude a tu médico para valorar tu situación y antes de cambiar cualquier tratamiento.