OVNIs
J.J. Benítez presenta «Están aquí» en La Palma: la literatura ovni como pregunta abierta
La presentación de «Están aquí», de J.J. Benítez, en la Cosmológica de La Palma devuelve al primer plano una literatura que lleva décadas formulando preguntas sobre lo inexplicado. Conviene leerla por lo que ofrece: un relato que ordena el asombro, no una prueba científica.
Por Pedro J. Pérez ·
Un autor que vuelve a escena
La noticia es sencilla y elocuente: J.J. Benítez presenta su libro «Están aquí» en la Cosmológica de La Palma. El medio que lo anuncia lo llama «el padre de los OVNIs», una etiqueta periodística que resume varias décadas de dedicación al tema. No hace falta compartirla para reconocer que Benítez ocupa un lugar propio en la divulgación española sobre lo inexplicado, y que su regreso a las mesas de novedades tiene interés literario además de informativo.
Conviene precisar el alcance de lo que sabemos. La fuente informa del acto y del título, no del contenido detallado de la obra ni de sus tesis. Cualquier lectura que vaya más allá sería especulación. Lo que sí puede afirmarse es que la elección del escenario, la Cosmológica de La Palma, rodea la presentación de un aire de observatorio y de pregunta abierta, coherente con un autor que ha construido su obra sobre la curiosidad ante lo que no encaja.
Qué es la literatura ovni
La literatura ovni no es un género único ni un bloque homogéneo. Reúne crónicas de avistamientos, ensayos de interpretación, recopilaciones de testimonios y relatos que mezclan investigación y memoria personal. Su valor no depende de que resuelva el enigma, sino de cómo lo formula: qué preguntas plantea, qué testimonios recoge y qué límites reconoce. Leerla con criterio exige distinguir el dato del relato, la hipótesis de la certeza y la experiencia narrada de la conclusión que se extrae de ella.
En ese mapa, Benítez representa una tradición reconocible: la del autor que convierte la acumulación de casos en una narración continua, con voz propia y tono de indagación. Esa voz ha fidelizado a lectores durante décadas y también ha recibido objeciones de quienes piden mayor contraste de fuentes. Ambas cosas pueden decirse sin descalificar: un libro de este tipo se juzga por su coherencia interna, por la honestidad con que presenta lo que sabe y por lo que deja abierto.
El asombro como forma de lectura
Hay una función humana en estos libros que conviene no menospreciar: ordenan el asombro. Quien se ha topado con un relato extraño, o simplemente con la sensación de que el mundo es más amplio de lo que alcanza a explicar, encuentra en estas páginas un lenguaje y un archivo. No es poco. La literatura, también la que trata lo inexplicado, ofrece compañía intelectual y un modo de pensar lo que todavía no tiene respuesta.
Ahora bien, esa compañía no sustituye la verificación. El lector maduro puede disfrutar de una hipótesis sugerente sin adoptarla como conclusión. La pregunta útil ante «Están aquí» no es solo qué afirma, sino cómo lo argumenta: qué fuentes cita, qué distingue de la interpretación y qué espacio deja a la duda. Formular esa pregunta es la mejor forma de respetar tanto al autor como al lector.
La Palma como escenario
La elección de La Cosmológica no es un detalle menor. La Palma es una isla de cielo limpio y tradición astronómica, y un espacio dedicado a la observación resulta un marco sugerente para presentar un libro sobre lo que se observa y no siempre se comprende. El contraste entre el rigor del telescopio y la pregunta ovni puede leerse como invitación a pensar los límites del conocimiento, no como una equivalencia entre ambos terrenos.
Ese contraste es, en realidad, el corazón del asunto. La ciencia observa, mide y descarta; la literatura ovni narra, interpreta y conjetura. Confundir los planos genera malentendidos; separarlos permite que cada uno haga su trabajo. Un acto cultural en un observatorio puede ser, precisamente, el lugar donde esa distinción se hace visible y donde el público aprende a preguntar mejor.
Leer con criterio: pautas concretas
Para quien se acerque a este tipo de obras, hay hábitos sencillos que mejoran la lectura. Anotar qué afirmaciones se presentan como hechos y cuáles como interpretaciones. Comprobar si las fuentes son identificables. Distinguir el testimonio directo de la reconstrucción posterior. Y preguntarse, al cerrar el libro, qué ha cambiado en nuestra manera de mirar, no solo qué hemos creído. Son gestos pequeños que convierten una lectura de curiosidad en una lectura provechosa.
También ayuda leer en compañía: comentar con otros lectores, contrastar impresiones y volver a los pasajes dudosos. La literatura ovni gana cuando se discute y pierde cuando se consume como certeza rápida. El placer de la intriga es legítimo; la responsabilidad de pensar, también. Mantener ambas cosas juntas es la mejor manera de honrar un tema que, por su propia naturaleza, exige prudencia y apertura.
Lo que queda por preguntar
La presentación de «Están aquí» en La Palma deja una imagen útil: la de un autor veterano que sigue formulando preguntas ante un público dispuesto a escucharlas. No sabemos qué aportará el libro al debate ni si convencerá a quienes dudan. Sabemos que vuelve a poner sobre la mesa un tema que interesa a muchos lectores y que merece ser tratado con seriedad, sin burla y sin credulidad automática.
La conclusión es modesta y firme: la literatura ovni vale por las preguntas que abre y por la conversación que provoca. Leerla con criterio, distinguir planos y no pedirle lo que no puede dar es la forma más inteligente de acercarse a ella. Quien lo haga encontrará, quizá, no una respuesta definitiva, sino una manera más atenta de mirar el cielo y de leer lo que se escribe sobre él.